sábado, 23 de junio de 2012

Deplorable...



Vale más que el malvado siga con su maldad que transformarle en cordero. No siendo la bondad natural en él, la usará de forma deplorable.

martes, 15 de mayo de 2012

GRITAR O LLORAR...





Siempre he pensado que llorar limpiaba el alma, nosotras sentimos todo a la millonésima potencia multiplicada por 10 y aun así se queda corta la operación. Sin embargo, he analizado los diferentes tipos de llanto que han caracterizado mi vida, y decididamente se reducen a dos.
El primero es el más común, en el que empieza con un nudo en la garganta y de repente explotas a llorar. Ese es el indicador de que una tormenta acompañará nuestro camino y es casi inevitable empaparse.
Pero hay otro más peligroso, es aquel que sale directo del corazón, no hay intermediarios. Es aquel llanto que no ves venir, no hay nudo, sino un inmenso dolor que ni siquiera se siente en alguna parte, sólo duele directo en el corazón. Puro dolor.
Ahora simplemente no puedo llorar, estoy tan triste que ni siquiera mi cuerpo se atreve a derramar lágrimas. Quiero gritar de dolor, llorarlo hasta que se vaya pero por alguna razón mi cuerpo no lo permite. Parece que tengo un tapón y ni siquiera puedo quitarlo porque no se donde está. Estoy muy triste y no puedo expresarlo..
Ojala pueda quitarlo pronto. Necesito llorar.

miércoles, 9 de mayo de 2012

TODO ES HUMO...




Todos necesitamos creer en algo, sentir confianza, saber que es posible, darlo todo por un proyecto, una empresa, un hombre o una mujer. Entonces nos sentimos fuertes. Hinchamos el pecho y desafiamos al mundo.
Pero si dudamos…
Si dudamos, sentimos miedo. Vacilamos, nos tambaleamos, tropezamos.
Si dudamos, ya no sabemos nada.
Ya no estamos seguros de nada.
De pronto hay cosas que se vuelven urgentes cuando no deberían serlo.
Preguntas que nunca nos haríamos, y nos hacemos. Preguntas que, de pronto, agitan los cimientos de nuestra existencia…y nos convertimos en humo..un humo que desaparece en el tiempo.
Confianza..suspiré. Es lo que necesito.

domingo, 29 de abril de 2012

NADA ES MUCHO PARA TÍ..




Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas.
O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.
O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.
Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí.
El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad.
Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno.
Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.
Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos.
Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer papas sancochadas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase.
Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Por Ángeles Caso.