Creces escuchando que para todo hay un momento y vives persiguiendo el ideal con temor de perder el tren de tus sueños... Pero los sueños no se buscan, ya están en tí, únicamente debes alimentarlos y acunarlos como a un niño pequeño. Viven ocultos e impacientes bajo los poros de la piel, esperando su oportunidad de asomar y mostrarse amenazantes cuando el reloj de la vida marca horas intempestivas...
Sueño con perderme en su risa. Sueño con creer que me quiere. Creyendo que es posible. Soñando con vivir, soñando con soñar.
Regresaba a casa dejando a mi espalda una noche en la que, encaramada a unos tacones de vértigo y envuelta en un ajustado "LBD" adquirido en un "outle", había decidido salir a comerme el mundo. Nada me hacía sospechar entonces que era el mundo el que iba a devorarme a mi. Conducía alegre, pisando el acelerador hacia el infinito hasta que algo me hizo frenar con idéntica fuerza el coche y mis ganas; envuelta en una sensación extraña que te alerta de la dirección equivocada. Caminé sola por la calles de una ciudad, sorteando gente que miraba hacia la nada y entonces, comprendí. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde lo que significa que vamos a extraviar infinidad de cosas por el camino. Y ahí reside el problema, que quiero todo para mí, que no me apetece dejar nada tirado ni mal aparcado en cualquier arcén, porque el tiempo hace a uno demasiado consciente de que ya se le han escapado demasiadas historias. Si nos diesen realmente a elegir lo último que debemos perder, sé de una que se pasaría su vida decidiendo entre la dignidad, la honestidad, la lealtad, la complicidad.... ¿Alguién se dará cuenta que es más necesario un gorro mágico con el que masajear nuestros cerebros dormidos o un sencillo despertador de corazones, que unas zapatillas metalizadas mod. "Rosa desierto" que prometen transformar nuestros culos en los más duros del cementerio? Mis ganas ya no aceleraron hacía el infinito, más allá del amanecer.
Todos necesitamos llevar siempre esas gafas de colores para no ver el sucio gris de la realidad.... ya que !Siempre! Siempre hay un motivo por el que vivir. Siempre hay algo más.... que desconocemos.
¿Porque muchas veces nos sentimos como un taxista que regresa a casa sin colgar cartel alguno, ni libre, ni ocupado? ¿Porque un día, tomamos prestada la libertad desconociendo el tipo de interés y no fuimos capaces de leer la letra pequeña? Quizás viajemos hacía un destino donde se archivan momentos, se acumulan experiencias, empaquetas ilusiones propias en favor de proyectos ajenos, rellenas huecos, y arrastras equipajes, escondiéndonos de nosotros mismos. Pero siempre llega ese minuto en el que exhausto, descubres frente a un escaparate cualquiera el reflejo de alguien que vive preso de su propia vida, tejiendo un hilo fino por el que pasea mirando con demasiada frecuencia hacia atrás, más pendiente de no caer que de disfrutar del camino. Y empiezan las preguntas, y te asaltan las dudas sobre lo que pudo ser pero no fue, y se razonan los sentimientos, y .... ¿Porque demasiadas veces nos sentimos como ese taxista que olvidó encender la luz verde? Por qué no es tanta la angustia de no saber hacía dónde vas, como el pánico que provoca conocer el lugar donde no quieres estar....